El concepto de desarrollo

La idea de desarrollo y la gestión de proyectos culturales

Con respecto al proyecto: Cultura Material en el Mercado de Cartago

El desarrollo del presente ensayo atiende a la necesidad de integrar la idea de desarrollo como actuante en el proceso de construcción de proyectos de gestión cultural, a la vez trata de constatar la pertinencia de las ideas de desarrollo empleadas por Escobar y De Souza para la elaboración del proyecto que se encuentra en marcha.

Bajo la temática de cultura material y la visión de desarrollo que se intenta aplicar en dicho proyecto, se debe tomar en cuenta que como antropólogos, y en especial, como científicos sociales, debemos tener una visión crítica de la conceptualización hegemónica de desarrollo, que implicaciones  posee este discurso verticalista y los beneficiados con esta creación discursiva .

Las ideas de desarrollo han sido aplicadas y reevaluadas a lo largo del tiempo de muchas maneras que justificadamente cumplieran a los objetivos del sistema económico y social en ese episodio específico de la historia, estas han servido para encubrir elaboraciones ideológicas y crímenes funestos.

Esta palabra se convirtió en el disfraz perfecto de las ideas de evangelización implementadas en pueblos “salvajes”, que a la larga les permitió conseguir mano de obra que construyera sus nuevas ciudades y la libre explotación de las materias primas para enriquecer los reinos del viejo continente, en consecuencia la obtención de beneficios a cambio de minucias les dio el despunte para consolidar su expansión.

Luego de la Segunda Guerra Mundial el clásico desarrollo económico se reviste con la dicotomía entre las palabras desarrollo y subdesarrollo; el subdesarrollo para la potencia de turno, significaba una nueva oportunidad de dominación de materias, mercados e individuos; mediante esta nueva resignificación se aseguraba un espacio preponderante en el control mundial. Al respecto De Souza menciona:

“El desarrollo asumía un significado transitivo –una acción realizada por un agente sobre otro-, mientras “subdesarrollo” se volvió un estado de cosas que ocurre naturalmente, sin ninguna causa aparente… como si los “desarrollados” no continuarán “desarrollándose”, a la espera de los rezagados. Ledo engaño. Bajo la premisa del desarrollo como sinónimo de desarrollo económico, el más fuerte se aleja del más débil que intenta emularlo. (2004:11).

La adaptación de nuevos términos para darle larga vida a las ideas del mercado capitalista no se detiene allí; la más interesante construcción se perfila como la última innovación sacada bajo la manga por parte de Estados Unidos; la “guerra contra el terrorismo” que renueva la potestad del país en un momento cuando estaba perdiendo fuerza; a propósito de este suceso De Souza apunta que: “… el gobierno de Estados Unidos, apoyado por la élites militares, políticas y empresariales, usó una antigua estrategia imperialista, cuyo éxito depende de la cultura del miedo-la construcción de un falso enemigo público-”. (2004:29).

A este punto es interesante objetar que al final, a través de transformaciones y reformulaciones de toda especie la idea de desarrollo percibiéndola desde un punto economicista e inclusive científico va a traducirse como dominación.

En el presente ensayo se sostiene que la idea economicista de desarrollo no representa un marco válido para ejecutar un proyecto de gestión cultural como el anteriormente planteado, aunque la cultura no puede estar lejos de la tematización del desarrollo su inclusión en el juego debe observarse como lo indica Germán Rey:

“La dimensión cultural del desarrollo –escribió Jesús Martín Barbero – se ha convertido últimamente en un tema central tanto en el ámbito político como académico. Pero ese interés disfraza en muchos casos un profundo malentendido: el que reduce la cultura a dimensión del desarrollo sin el menor cuestionamiento de la cultura del desarrollo que sigue aún legitimando un desarrollo identificado con el crecimiento sin límites de la producción, que hace del crecimiento material la dimensión prioritaria del sistema social de vida y que convierte al mundo en un mero objeto de explotación. Pensar ahí la cultura como dimensión se ha limitado a significar el añadido de una cierta humanización del desarrollo, un parche con el que encubrir la dinámica radicalmente invasiva.” (2002:2).

Una definición de desarrollo que se inserte en un proyecto que intente visualizar las particularidades culturales de un grupo de individuos a partir de los objetos que los identifican no debe ser empleada desde fronteras economicistas o cientificistas, porque de lo contario no estaría encajando la concepción de cultura que se desea proyectar.

Necesitamos emplear un concepto de desarrollo que nos hable del ser humano no como una cifra, ni un elemento de la fuerza de trabajo o dentro de los parámetros de oprimido u opresor, el concepto debe reconocer las particularidades del ser humano. Tal como lo afirma Rey:

“…la cuantificación del desarrollo a través de indicadores nacionales permite constataciones internas, comparaciones y jerarquías dentro del entorno internacional y, por supuesto, planes de intervención y decisiones que ya no son solamente de los gobiernos sino también de los grandes bancos o de los organismos globales.” (2002: 1); pero no nos permite pensar en las expresiones culturales que son parte de una sociedad más que como un objeto de interés económico.

La antropología del desarrollo y para el desarrollo en el proyecto

La antropología del desarrollo se refiere a esquemas complejos empleados para tematizar acerca de los problemas políticos, sociales y económicos que ha generado el desarrollo con el motivo de crear una conciencia que modifique el orden social ya establecido; para efectos de un proyecto de gestión cultural la simple elaboración teórica de lo que se desee abordar, si  bien es un paso importante no condensa la ejecución del plan en sí. El impedimento mayor de este enfoque es que no da paso a la acción precisamente, pues la modificación de patrones sociales establecidos no es lo que se busca con la preparación del proyecto.

Por otra parte la antropología para el desarrollo nos muestra un panorama un poco diferente; tal como lo menciona Wulff y Fiske:

…los antropólogos diseñan programas que funcionan porque son culturalmente adecuados; también corrigen las intervenciones que ya están en marcha y que a la larga no resultarían económicamente factibles debido a la oposición de la gente; finalmente, realizan evaluaciones que proporcionan indicadores válidos de los resultados de los programas. También ofrecen los conocimientos necesarios para los intercambios culturales; recogen sobre el terreno datos primarios imprescindibles para planificar y definir políticas a la vez que anticipan y encauzan los efectos sociales y culturales de la intervención (Wulff y Fiske, eds., 1987: 10 citado en Escobar).

Desde este punto de vista se plantea la implementación de programas de desarrollo económico en comunidades evaluando sus efectos positivos o negativos con el fin de evitar que ese supuesto desarrollo inevitable no ingrese generando oposición o pérdidas; a partir de este punto observamos la incompatibilidad con la idea de proyecto ya generada pues el fin de emplear cultura material para generar la visibilización del grupo que desarrolla sus labores en el establecimiento.

En fin, el tipo de desarrollo que podemos aplicar es aquel donde la comunidad participe y forme una conciencia de la importancia de la cultura material dentro de la colectividad de los habitantes, que los implicados se apropien de toda esa historia forjada por ellos mismos y materializada a través de los objetos; y en el apropiarse de toda esa historia, crear un modelo alternativo de desarrollo que sea confrontativo con el discurso oficial del desarrollo y progreso.

Referencias bibliográficas

De Souza, J. (2004). “Un epitafio para la “idea de desarrollo” por organizar la hipocresía y legitimar la injusticia”. Instituto Cubano del Libro.

Escobar, A. (s.f.). Antropología y Desarrollo.

Rey, G. (2002). “Cultura y Desarrollo Humano: Unas relaciones que se trasladan”. En Revista Pensar Iberoamérica, núm. 0.

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