El mercado

En América Latina los mercados representan una tradición de sus orígenes precolombinos, éste representó un sitio de suma importancia y generalmente se enmarcaba en un espacio abierto. En las plazas indígenas mexicanas, la actividad comercial se describía como intensa y altamente especializada… en los mercados indígenas, las áreas se distribuían según el tipo de productos y se ejercía control sobre los precios (Umaña, 1992; p. 5). Sin lugar a dudas este tipo de actividades se extendía a lo largo de toda la región mesoamericana.

Luego de la llegada de los españoles al continente americano, la configuración de estas actividades comerciales sufrió grandes cambios; la ordenanza de población dada por Felipe II en 1573 (para toda América Latina), reubicó las actividades del mercado en la plaza mayor; en su interior, además de la circulación de mercaderías, se concentraban “las actividades esenciales de la comunidad, tanto en el orden cívico, religioso o recreativo”. En la plaza se conjugó “la idea del ‘centro cívico’ renacentista unido a la experiencia medieval del mercado y el ‘ámbito de vida’ externa indígena”… el comercio se realizaba, de manera principal, en los portales y arcadas alrededor del espacio abierto. Con el tiempo, esos portales empezaron a verse a lo largo de las cuatro calles principales que salían de la plaza mayor orientadas a cada uno de los puntos cardinales, como una forma de brindar comodidad a “los tratantes que suelen concurrir”; donde esos por tales estaban ausentes, los sitios para la actividad comercial se señalaban con estera, toldos y mantas… (Umaña, 1992; p. 5)

Entre la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, el arreglo español de plaza mayor comenzó a modificarse; en Costa Rica, el resto de América Latina y Europa, como respuesta al fenómeno de la modernidad. El modelo inicial de plaza mayor ahora se veía como un concepto de mercado reducido y como parte de una idea de ciudad un tanto estática. Pero las ciudades, como centros complejos de interacción social, cambiaron su conformación, su naturaleza dinámica impulsó un crecimiento que, poco a poco, empezó a romper la plaza mayor como el eje de la vida en las ciudades coloniales (Umaña, 1992; p. 6).

 

El Mercado Municipal de Cartago

En la ciudad de Cartago, de 1575 a 1888, la Plaza Mayor funcionó como feria los días jueves y domingo, allí se expendían toda clase de artículos, como alimentos o mercancías traídas de Europa. Se hacía al descubierto o con pequeños toldos, que una vez terminada la feria, eran guardados junto con los sobrantes en bodegas de alquiler de algunas familias vecinas (González, 2000; p. 9).

En 1880 se dan las negociaciones con una sociedad anónima londinense, para la construcción de un mercado de víveres en la ciudad. El 2 de mayo de 1886, se propone construir en la ciudad mercados para el expendio de ganado, mercadería y víveres, así como también los tranvías necesarios (González, 2000; pp. 9-10) Una vez construido el mercado quedaban prohibidas las ventas de toda especie en la plaza mayor o en las calles públicas, obligando a todos los vendedores a que concurran con su negocio al mercado (Fernández, 1996).

Mata (1930; p. 69) reseña que el edificio se levantó pronto, de una sólida construcción de mampostería en los lados norte y sur (de dos pisos), quedando en el centro tres amplios galerones sostenidos de gruesas columnas de acero. El estilo del anterior mercado fue igual al que hoy existe en la ciudad de Heredia, levantado por la misma compañía en igual fecha.

Luego de la destrucción de la ciudad, después del terremoto de santa Mónica, el 4 de mayo de 1910; la edificación fue gravemente afectada, especialmente su frente norte y sur, que cayeron por completo dejando en muy mal estado su estructura central. Esta situación no estaba contemplada en los contratos de su construcción, por lo que después de varias consultas con los ingenieros y arquitectos, a la compañía realizó una nueva construcción, más segura y resistente a sismos y continuó con su usufructo por el tiempo que aún faltaba (25 años). El 19 de setiembre de 1910 se fijan los lineamientos para la nueva construcción del mercado y el 1 de agosto de 1912 se procede a la reinstalación de los locales que durante el tiempo de construcción estuvieron en los alrededores (González, 2000; pp. 10-11)

González (2000, p. 15) menciona que el mercado, así como los alrededores de éste, ha sufrido un deterioro económico, urbano y social: los factores y condiciones que se presentaban afínales del siglo XIX y principios del XX y que le dieron un gran impulso, han cambiado o desaparecido.

La aparición de los centros comerciales, supermercados, cambios en los patrones de consumo de la población cartaginesa, la condición de las aceras y calles, el flujo constante de vehículos y autobuses, invasión de la vía pública, proliferación de focos de contaminación y deficiencia en los servicios de apoyo; además del cierre del ferrocarril, que en una época jugó un papel determinante en el desarrollo comercial de la zona; son algunos de ejemplos de la problemática que enfrenta el mercado dentro de la urbe cartaginesa actual.

 

El mercado como centro de interacción social

El mercado es un espacio de puertas abiertas, que permite la entrada de personas, provenientes de muy diversos sectores, lugares, culturas, con distintos conocimientos, creencias y tradiciones; todos aportando y siendo parte de una dinámica de relaciones informales, donde cada quien aporta parte de sí mismo en el pequeño lapso de una compra de la tapa e´dulce, el kilo de papas o la manzanilla para esos días; el mercado representa para la vida social y económica de los pueblos y de las comunidades, un punto de contacto.

El mercado, según Barzuna (1990, p. 23) ha favorecido la gestación de todo un fenómeno cultural en el que concurren leyendas, un argot particular, la confluencia de sectores populares, dedicados a la siembra de granos, verduras y frutas. Esto configura una memoria común compuesta por las historias personales de los que han transitado por este espacio. Es también un documento significativo en el resguardo de la artesanía de imágenes (imaginería) y en la mítica creencia en las hierbas recetadas por el curandero popular. La presencia de lo tradicional se refleja no sólo en los diversos productos naturales que se ofrecen, sino también en los resabios del pasado transmitidos oralmente de generación en generación (historias, chistes, recetas… el transeúnte se pierde entre flores, vasijas, talabarterías, helados de sorbetera y ventas de tabaco… en donde se da la interrelación personal entre vendedor y comprador, muchas veces de conocimiento mutuo. Esto permite el diálogo, comentario, la petición de rebajas en el precio del producto. Se ofrecen las cosas sin mediación de ninguna propaganda más que la defensa de la propia calidad. En este ofrecer, es que se origina la presencia del dicho popular, el pregón o la copla…

 

Referencias bibliográficas

BARZUNA, 1990: El mercado y la pulpería rural: espacios que desaparecen.- Herencia, 2(2): 19-24.

FERNÁNDEZ, F., 1996: La plaza mayor: génesis de la nación costarricense.- xxx págs. Ed. Cultural Cartaginesa, Cartago.

GONZÁLEZ, R., 2000: Renovación del Mercado Central de Cartago.- 80 págs +Anexos. Univ. de Costa Rica, San Pedro.

UMAÑA, J.O., 1992: El mercado de Orotina: historias de un sitio fresco en un pueblo caluroso.- Herencia, 16(1-2): 3-18.

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Una respuesta a “El mercado

  1. Hola chicos, as, no veo mucho avance en la vitácora en la revisión del día de hoy. Qué pasó con todo el material que debería estar aquí y con la reunión que iban a tener el lunes pasado para afinar la propuesta??, espero que estén listos pronto, K

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